Bienal De Sao Paulo

Mientras que el arte que se exhibe en las bienales ha sido disuelto de oficio, convertido en pasto sagrado de acaparadores e inversores, la de Bienal de Sao Paulo posee cierta organicidad efectiva al reivindicar la exigencia de una nueva manera del mirar furtivo. La opción de observar el debilitamiento de la realidad en una estación histórica llena de inestabilidad y dudas pero que abre nuevas vías para la estética, mostrando las posibilidades de la voz individual y la poesía en un mundo objetivo que las niega. Las tres plantas del edificio que desde el 7 de septiembre alberga la prestigiosa bienal latinoamericana, titulada en su 30ª edición La inminencia de las poéticas, tienen una función de exposición, en lugar de oposición y transgresión. En ellas, hasta el gigantismo metropolitano de su entorno se reviste de esa facilidad de los buenos tiempos, que concede al visitante una familiaridad provinciana y una alegría de vivir. Y así, la existencia parece fluir despreocupada y robusta para familias, grupos de estudiantes, ejecutivos, turistas, artistas… En esto radica la orgullosa autonomía de la Bienal de Sao Paulo en comparación con las otras grandes citas mundiales del arte

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