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Ruddy Taveras En busca de lo absoluto

En la Galería de Arte San Ramón

Tal como ya he advertido, el término Hiperrealismo designa un movimiento pictórico y escultórico aparecido en Inglaterra y los Estados Unidos hacia 1965. Conocido también como Fotorrealismo y Superrealismo, sus máximos representantes son los escultores Duane Hanson (1925-1996) y John De Andrea (1941), así como los pintores Chuck Close (1940) y Malcolm Morley (1931), quienes persiguen en sus obras la representación de la realidad con la misma precisión  y minuciosidad del detalle que la fotografía. En el caso de los pintores, además de los pinceles, algunos utilizan el aerógrafo y otros proceden con la ayuda de diapositivas proyectadas sobre la tela, pero la mayoría lo hace a partir de fotografías.

De repente, la “consumación” del “aire seudorromántico” del realismo academicista dominicano  de mayor rigor  estético y éxito comercial,  cuyos máximos representantes son Mariano Eckert (1920-2008) y León Bosch (1936), deviene como instante de ruptura incontrastable en la obra pictórica hiperrealista de Ruddy Taveras (1984).Y aunque en la práctica artística de estos dos grandes maestros del realismo opera la misma clave de una conciencia de oficio vitalmente ética y visceral, en el caso del novísimo Ruddy Taveras aun resulta más admirable el fino vuelo conceptual con que aniquila el contrasentido de un “paisajismo bucólico-tropical” que, a lo largo del  siglo XX, traspasa una parte considerable de la producción pictórica en  Latinoamérica y el Caribe.

Ruddy Taveras asume una dicción pictórica hiperrealista y una poética eminentemente lúdica, mediante las cuales materializa un universo simbólico donde la naturaleza, los espacios artificiales y los objetos del mundo fáctico estallan como representaciones e imágenes inefables de lo real y de lo no real; como territorios fictivos o hiperreales de la sofisticación, la ilusión y lo absoluto. Y esta apreciación se torna cristalina en composiciones “minimalistas”, ejecutadas entre el 2010 y el 2011, en las que accede una síntesis estructural tan formidable como la misma espectacularidad visual que desata su atenta confrontación: “Reflejos de casa”, “El plástico”, “Naranja en cristal”, “Uvas y transparencia”, “Tea time”, “Cold cola”, “Nuts”, “Recuerdo de infancia”,  “Manzana en plástico” y “Elegance in black”, son obras en las que Ruddy Taveras prefiere las composiciones con uvas, manzanas, naranjas,  nueces, avellanas, castañas y albaricoques, así como utensilios de colores oscuros, grises, blancos, transparentes y superficies reflexivas: jarras, botellas, vasos y diversos objetos de  plástico y cristal.

Precisamente, desde la noche del pasado martes 23 de octubre, en los cálidos y renovados espacios expositivos de  la Galería de Arte San Ramón, localizada en la Ave. Abraham Lincoln #904,  Ruddy Taveras presenta su primera exposición individual, bajo el implacable título de “En busca de lo absoluto” e  integrada por una apretada selección de obras recientes en las que este joven y talentoso artista reafirma su obsesión perfeccionista en cuanto al diseño del espacio imaginario, de la factura de la superficie, de las valoraciones tonales y del cuidado de los más mínimos detalles de cada objeto. Asimismo, en estas pinturas, su virtuosismo creativo en el conocimiento y uso del color-luz funciona al nivel de situarnos en los especulares y deliciosos territorios de la euforia, el asombro, la extática meditación y la  difusiva  perplejidad.

Ruddy Taveras en busca de lo absoluto

Específicamente, me refiero a obras como las tituladas “Elegance in Black and White”, “Perfect Time”, “Elegance in Red”, “Eight Marbles for Two Player”,  “Elegance in Black and Red II”, “What the Time Took Away” y “Close Friendchips (2012)”, trabajos en los que, gracias a su refinada sensibilidad poética y a su excepcional manejo de los recursos expresivos tradicionales y de la técnica pictórica hiperrealista, logra la íntima transparencia de la luz, el espacio, el tiempo, el ritmo y la objetividad en su maravilloso caudal de  asimetrías, interfaces, matices, destellos y colisiones particulares.

En estos penúltimos ejercicios pictóricos de Ruddy Taveras ya no hay alegoría de la naturaleza ni nostalgia ante el sentido de la tierra, pero sí una representación apoteósica de la artificialidad que toca al sistema de los objetos, donde la obsesiva voluntad de preciosismo y armonía deviene en clave   comprometedora de auténtica  belleza estética y deliciosa fascinación contemplativa.

RUDDY TAVERAS

Nace en el municipio de El Puente San Rafael, a la entrada de la ciudad de Mao, Valverde, República Dominicana, el 30 de noviembre del 1984. Dibuja al lápiz desde la edad de siete años. A los doce, intenta inscribirse en Altos de Chavón, pero su corta edad no se lo permite. Comienza a pintar de manera autodidacta, interesándose  en el realismo y ya a los catorce realiza y vende sus primeras obras comerciales. A los diecinueve Ruddy Taveras se traslada a la ciudad de Santo Domingo.

Entre sus participaciones colectivas destacan: “Interpretaciones”, Biblioteca República Dominicana (2006); “Circuito de galerías”, Arte San Ramón, Santo Domingo (2009); “Dos estilos un motivo”, Casa de la Cultura Hispanoamericana, Las Vegas, Nevada, EE.UU. (2010). En 1999, obtiene el Primer Premio en el concurso organizado por el Ayuntamiento de Mao. En el 2006, participa en el Concurso Nacional de Arte Joven, HELVETAS, Casa de Arte, Santiago. En el 2009, participa en el XIV Concurso Nacional de Pintura Agro Naturaleza, organizado por la Junta Agroempresarial Dominicana.

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