El equilibrio: elemento fenomenológico por esencia en la obra de Juan Trinidad

Juan Trinidad. En sus obras, el equilibrio es más que un componente: es un verdadero motor del ensamblaje. Trinidad, al igual que  Alexander Calder, famoso por sus móviles, utiliza el equilibrio como elemento central de sus creaciones para mostrarnos un mundo hecho de fragilidad y de fuerza disimulada. La belleza del equilibrio viene de su fragilidad, y el misterio, de su discreción extrema.

Trinidad propone soluciones plásticas que muestran una sutilidad, una conjunción entre verticalidad, tridimensionalidad y equilibrio. Es muy difícil separar lo tridimensional del equilibrio. Por el manejo de la tridimensionalidad, Trinidad es, sin lugar a dudas, un verdadero escultor.

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El conjunto tiene una homogeneidad sorprendente y un equilibrio siempre en movimiento. En principio, no podemos pensar en equilibrio sin tomar en cuenta el movimiento, que figura el equilibrio a través de su ausencia.

El equilibrio visto de un punto fenomenológico

Las esculturas de Juan Trinidad, por su complejidad plástica y étnica, proyectan un efecto visual y también psíquico, que crean en el cerebro lo que podríamos llamar una “imagen mental”. La combinación de las formas es nueva, pero no las formas en sí, lo que permite recrear mentalmente la escultura de diferentes maneras a partir de distintos puntos de referencia.  La percepción y visión de la obra cambian según el punto de vista desde donde se la observa. A veces, recuerda a referentes que nos llevan hacia ciertos campos, como la escultura africana o taína, creando un mundo único. El cerebro, de facto, reforma de manera mental y totalmente consciente las partes figurativas no esculpidas, combinándolas con las partes abstractas para formar una imagen nueva.  Eso crea un equilibrio único en el vocabulario del imaginario. Los que estudian la fenomenología, como Sartre, lo llaman “conciencia  produciendo imágenes que no se realizan”, al contemplar obras de arte. En las esculturas de Trinidad, el fenómeno es un elemento central.

El equilibrio de un punto formal

Los volúmenes pueden crear placer por la combinación de las formas e incluso permiten ir más allá de la simple combinación de formas. Los formalistas piensan que una obra es más que la combinación de líneas y/o colores. Si obviamos lo dicho sobre la imagen formada por el cerebro, en este caso la obra en sí, a través de su complejidad formal, propone al espectador una combinación nueva e interesante de soluciones plásticas. Eso expande su expresión formal y espacial más allá de la misma escultura. Es la verdadera labor del escultor, la cual Trinidad logra de manera magistral.

En definitiva, la obra de este escultor es una verdadera oda al placer, logrando reunir el placer estético, el placer del espíritu y el placer sensorial.

Patrick Landry Critico de arte Licenciado de la Sorbona de Paris

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